Tareas del recorrido vital

29 junio, 2015

LOS AMIGOS ESCRIBEN

Filed under: Sin categoría — angelpiogonzalezsoto @ 16:14

En este caso presentamos la obra de Fernández Cruz, Manuel (2015): Formación y desarrollo de profesionales de la educación. Un enfoque profundo. Deep University Press. Blue Rounds. Wisconsin.

Captura de pantalla 2015-06-29 a las 14.53.02De ella escribí en su día:

Son muchas las variables que “median” en la relación entre enseñanza y aprendizaje, tantas que solemos prescindir, en la práctica, de la mayoría de ellas, de tal modo que ciframos el nexo entre la acción de enseñar y el proceso de aprender en el contenido a transmitir y en la postura del alumno ante él.

Tanto es así que todos los cambios que vienen haciendo “ruido” respecto a los procesos de enseñar y aprender se asientan en la incorporación de MEDIOS que “intuimos“ pueden mejorar la comunicación del contenido y del alumno con el profesor, con el agravante de que solemos caer en el error de poner el énfasis solamente en el medio y su desarrollo.

Lo moderno hoy es contar con recursos tecnológicos, que parece que se justifican en sí mismos y que, no se sabe cómo, van a operar el milagro de arreglar de una vez por todas la díada enseñar y aprender.

En lo demás se ha cifrado todo en la acumulación de silogismos, en traer a la realidad del aula viejas propuestas con nombres nuevos y en acumular denominaciones que solo ensombrecen la comprensión de un proceso que ya es, en sí mismo, complejo y difuso.

Efectivamente hay que cambiar mucho en la relación que necesita el proceso de enseñar y aprender. Hay que lograr comprensión de lo que es importante por parte de la sociedad, que los agentes sociales confluyan en el mismo sentido sobre todo en la creación de un modelo de persona, que colaboren los medios de comunicación social, que situemos en el plano que corresponden a los progenitores, los recursos y los “modelos”. Pero, a la vez, hay que elevar de categoría los sustentos de las acciones de ese proceso de enseñanza y aprendizaje, que se han venido relegando de un modo que pareciera buscado. Nos referimos a la DIDÁCTICA y al PROFESOR.

La política ha basado sus cambios en intereses partidistas (mal planteados, por otra parte) y los ha justificado sobre elementos sociológicos y psicológicos, lo que, aún siendo necesario, ha ayudado a desdibujar el proceso y a subvertir los objetivos de la educación, por más que se quisieran mantener, es más, ni se han revisado siquiera. Y el sistema, con sus inercias y sus resistencias, se ha dejado llevar.

Hoy, en la realidad de nuestras aulas, se carece de justificación didáctica para implementar acciones de enseñanza, se actúa por imperativos snobs y se adornan o justifican esas acciones con conceptos vacíos.

Hay que volver la mirada a la esencia, a la didáctica y al profesor, decíamos. Y, aunque me duela, porque soy maestro de educación infantil y primaria, porque he sido profesor de Formación Profesional y porque soy formador de formadores, hay que reconocer que la situación de los nuevos profesores es… preocupante, por decirlo de un modo suave. Quizá por eso algunos gobiernos territoriales se estén planteando nuevas exigencias para los estudiantes que quieran acceder a la profesión docente.

Es ahí justamente donde la presente obra cobra un significado especial y no por el título (que es llamativo en sí mismo) sino por el desarrollo que plantea: un “enfoque profundo” sobre la formación y profesionalización de los docentes.

Y a fe que lo logra. Ese recorrido sobre la historia de la formación de los docentes, sobre las distintas orientaciones que han sustentado esa formación, ese análisis sobre la profesionalidad, sobre sus modelos, sobre el desarrollo profesional y sobre la investigación e innovación en el ámbito docente es altamente necesario hoy para evitar que la pérdida de sentido presente en la educación nos lleva al abismo de la nada, del vacío, propio solo para los charlatanes y los vendedores de humo, de los nuevos manipuladores de opinión, que están logrando tal proliferación de miradas que, a la postre, no logramos ver lo que realmente vale la pena y lo que es preciso hacer para salir del abismo en el que nuestro sistema de enseñanza se ha sumido.

Estamos, pues, ante una obra “esencial”, que disecciona por completo al docente y nos lleva a ubicarlo como corresponde en el proceso que lo justifica, el de enseñar y educar.

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